jueves, 12 de septiembre de 2024

IBN TUFAYL, LA CERTERA INTUICIÓN (1110-1185)

En Al-Andalus florecía el saber. Ciudades populosas como Córdoba, Sevilla o Granada albergaban mentes ilustres en el campo de la medicina, de la filosofía o de la astronomía, inspiradas en los textos clásicos griegos. Hubo grandes sabios cuyas enseñanzas han quedado sepultadas por el manto del olvido. 
Ibn Tufail fue un médico y filósofo andalusí, nacido en Guadix (Granada) antes de 1110, y fallecido en Marrakex en 1185, vivió durante el periodo de tolerancia filosófica y libertad cultural que disfrutaron los reinos de taifas.

 Influido por el también médico y filósofo zaragozano Avempace (1070-1138), en particular por su Régimen del solitario, así como por las doctrinas del éxtasis intelectual sostenidas por Avicena y el sufismo de Algacel, conservamos de él sólo una obra, que ejerció notable influencia en Europa tras su traducción latina de 1671, bajo un título que ha prosperado: Philosophus autodidactus, El filósofo autodidacta

 Ibn Tufayil  ejerció la medicina en Granada, ciudad en la que vivió entre 1130 y 1146, como secretario y médico del gobernador de la ciudad.

 Su fama como médico le llevó al servicio del hijo del sultán almohade Abd al Mumin, gobernador de Ceuta y Tánger, entre 1147 y 1163. Más tarde fue médico de cámara y visir del sultán Abu Yusuf, sucesor de Abd al Mumin en 1163, y en 1169 tenía Ibn Tufayil  tal influencia en la corte que pudo presentar a Averroes al sultán. En 1182 renunció a su cargo de médico de cámara del sultán en favor de Averroes, continuando como visir hasta su muerte. Falleció en 1185 y a sus funerales asistió en persona el sultán.



La figura y las obras astronómicas y médicas de Ibn Tufayil o Abentofail quedaron olvidadas en cierta medida por la fama e influencia que alcanzó su discípulo Averroes. 



La única obra que ha llegado a nosotros, Risala Hayy ibn Yaqzan fi asrar al-hikma al-masriqiyya (Epístola de Hayy ibn Yaqzan sobre los secretos de la sabiduría oriental), fue traducida al hebreo por Moisés de Narbona en 1349, quien la acompañó de un comentario.

Ibn Tufay fue el científico granadino que más ha influido en el pensamiento de Occidente. Pionero de la revolución anti-ptolomaica enraizada en las enseñanzas de Aristóteles, Ibn Tufayl negaba los epiciclos y excéntricas por su imposibilidad física, detalle de suma importancia dado que los modelos vigentes en aquella época se basaban solo en la Geometría. 

Su importancia se puede medir también a través de su influencia en Averroes, o en su otro discípulo, Alpetragio, quien escribe:


“Ibn Tufayl había encontrado una teoría nueva sobre el movimiento de los planetas. Deducía sus movimientos mediante principios distintos a los de Ptolomeo y rechazaba las excéntricas y epiciclos. Con este sistema, todos los movimientos celestes podían ser verificados. Había prometido escribir sobre el asunto.”


Esta obra, si ha existido, todavía no ha sido recuperada.


La influencia de este astrónomo granadino incluso ha llegado a la literatura europea: tanto el Robinson Crusoe de D. Dafoe como el Emilio de J. J. Rousseau parecen tener claros tintes de la obra de Ibn Tufayl, El filósofo autodidacta, que narra la evolución científica, filosófica y mística de un niño (Hayy Ibn Yaqzan) que crece solitario en una isla en la India. Vale la pena poner en relieve algunos aspectos de esta obra en lo que concierne a la ciencia y en particular, a la Astronomía.


En el capitulo II cuenta que Hayy era hijo de una princesa que, atosigada por el rey, su hermano, esconde el nacimiento de un hijo y lo arroja al mar. En dicho capitulo, Ibn Tufayl contrapone el papel de la generación espontánea de su héroe frente a un nacimiento natural.


Sólo el hecho que Ibn Tufayl no creyera ciegamente en la teoría de la generación espontánea (ya que la compara con otra) tiene ya un impacto científico considerable. Nótese que sólo unos 6 siglos después el problema de la generación espontánea fue resuelto por Pasteur.


En el transcurso del capitulo II comenta los diversos tipos de observaciones que hace el niño de los animales, sintiéndose inferior a estos. Pero luego pierde a la gacela que le había criado. Trata de explicar su muerte, mas descubre el desprecio por lo material (capitulo III). 

En el capitulo IV, ya encontramos a nuestro personaje en su choza, con animales domesticados y extiende sus estudios a los reinos vegetal y mineral. Busca el significado del alma. A los veintiocho años, investiga la forma y la materia de los cuerpos. Empieza el estudio de los cuerpos celestes y niega la posibilidad del infinito.

El quinto capitulo trata bastante de Astronomía y esperábamos encontrar algo de la propia teoría de Ibn Tufayl sobre el movimiento de los planetas. Sin embargo, encontramos nada mas que esta frase: “Exponer sus progresos en esta ciencia sería largo y es asunto divulgado en los libros; para nuestro propósito basta con lo que hemos expuesto”.

Volviendo a tema central del libro, Hayy Ibn Yaqzan llega a la conclusión de que debe existir un ser incorpóreo, creador de las demás criaturas. Luego descubre otra faceta de la mística: Entra en éxtasis y, en seguida, Hayy tiene visiones de la esfera de las estrellas fijas, haciendo un símil con espejos que reflejan muchas luces.


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