También en Granada puedes ir a un restaurante en el Albaicín con fantásticas vistas a la Alhambra El restaurante se llama Aben Humeya.
Y un hotel lleva el mismo nombre, Aben Humeya, en la mencionada calle Alhamar, calle que nos recuerda por su nombre la industria de las mantas andalusíes en Granada
Y puedes visitar el Carmen de Aben Humeya, un monumental carmen en el Albaicín, que pese a la belleza paisajística y monumental que atesora, es poco conocido.
Y si decides conocer la Alpujarra granadina en contrarás que en el pueblo de Válor en el Parque Natural de Sierra Nevada a 126 km de Granada, entre las aldeas de Nechite y Mecina Alfahar,
En Válor celebran cada año la gran influencia del pueblo en la rebelión de los moriscos de las Alpujarras, rebelión que puso en apuros a la potente monarquía española, ya convertida en imperio transaltántico.
Era Válor en tiempos nazarís, como lo era toda la Alpujarra, un rico lugar de producción de seda de gtran calidad, especialmente en la Tahá de Juviles. Y Válor presume cada año de haber visto nacer al más notorio alpujarreño de todos los tiempos, aquel Fernando de Córdoba y Valor que dejó ese nombre que no era el suyo y recogió el propio, el de su familia y su patria andalusí, Muhammad ibn Umayya, aunque nosotros lo conocemos por su nombre latinizado Iben Humeya
En Berja, en Almeria encontrarás la escultura en bronce de un valiente hombre con turbante levantando una espada. En Válor nació y en Berja murió y es en Berja donde se encuentra la primera escultura en el mundo que se dedica al joven rey de los moriscos, muerto en la batalla que lleva el nombre del pueblo con tan solo 23 años.
Fue ni más ni menos que el primer rey de Andalucia, la cabeza de la rebelion de los moriscos que desde 1568 hasta 1571 puso en jaque a la gran monarquia española, convertida ya en Imperio europeo y americano.
En todas las fiestas de moros y cristianos que se celebran en Andalucia y el Levante español el número de grupos o filas moras excede a las cristianas y la emoción que da ver desfilar a los moros no es comparable a la de los cristianos. Hay algo en nosotros que no nos ha borrado del alma esa monarquia hispanica que nos robó la lengua, las ropas, la cultura, la religion y sobre todo las tierras y el futuro para entregarlo a los señres castellanos, y ese algo empezó el mismo dia que Aben Humeya fue asesinado y los moriscos se conviertieron en moros y no tuvieron más salida que el exilio o el camuflaje. Muchos eligieron el camuflaje y siguen entre nosotros, somos nosotros.
Cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada firmaron unas generosas capitulaciones para los granadinos musulmanes, unas capitulaciones que les permitia conservar su lengua, sus costumbres, su fe y sus propiedades. Las Capitulaciones para la entrega de Granada o el Tratado de Granada se firmaron 2 de enero de 1492. El rey Boabdil renunciaba a la soberania sobre el Reino nazarí de Granada a favor de los monarcas cristianos, quienes garantizaron una serie de derechos a los musulmanes, incluida la tolerancia religiosa y su justo tratamiento en compensación por una rendición incondicional y capitulación.
Todo fue una mentira y una trampa "El sultán de Granada y los alcaides entregarán la fortaleza de la Alhambra y todas las otras fortalezas, torres y puertas de la ciudad de Granada y del Albayzín.
"Todos los moros se entregarán libre y espontáneamente, y cumplirán como buenos y leales vasallos con sus reyes y señores naturales. No se les obligará a convertirse al catolicismo ni podrán ser molestados por sus costumbres. No podrán ser enrolados en el ejército contra su voluntad. El día que el sultán entregase las fortalezas y torres, sus altezas le devolverían a su hijo con todos los rehenes, y sus mujeres y criados, excepto los que se hubieren vuelto cristianos. Los moros serán juzgados en sus leyes y causas por su derecho tradicional, con parecer de sus cadís y jueces, que permanecerán en su puesto si son respetados por el pueblo y leales. El jurado estará compuesto de un cadí y un juez cristiano. No se permitirá, sin embargo, que las culpas y delitos pasen de padres a hijos....Los moros son libres de vender o arrendar sus propiedades y viajar a la Berbería si así lo desean sin que se les confisquen sus bienes, garantizando los cristianos que la travesía sería segura durante tres años..Los tributos serán los habituales según la ley nazarí. Podrán comerciar en todo el reino sin pagar ningún portazgo especial."
Triste pero tranquilo por haber firmado unas condiciones tan generosas para su pueblo, Boabdil abandonó Granada y solo cinco años más tarde, en 1499, entró en Granada el monstruo que destruyó en una noche de fuego y horror los libros más bellos de la caligrafia árabe conservados en la Alhambra, la bestia que comenzó a perseguir a los musulmanes que ya no eran mudéjares como era su nombre en los siglos de la convivencia, sino moriscos o perseguidos y luego cuando acabaron con ellos "moros" o los malos.
Qué triste es para un granadino imaginar esos caballos negros que se acercan a Granada para acabar con su explendor para siempre.
El Inquisidor Cisneros llego dispuesto a aplicar con mano dura la política de cristianización de la ciudad que les encargara los Reyes Catolicos pasando por alto sus firmas y su compromiso con Boabdil.
Las medidas fueron de tal dureza y tan represivas que el Albaicín se levantó en 1500 cardenal impuso unas medidas represivas seguidas de la quema en una hoguera en la Plaza Bib-Rambla que aún existe y que cada año ver reunirse un puñado de granadinos para recordar el día más triste de la ciudad, de todos los libros en árabe que encontró en la ciudad, salvo los de medicina que se los llevó a Alcala de Henares para sacarles partido.
El levantamiento de la ciudad se extinguió rápidamente, pero fue seguido de revueltas más graves en la cercana zona montañosa de La Alpujarra. Las fuerzas católicas, en algunas ocasiones dirigidas personalmente por el rey Fernando el Católico, lograron reprimir las revueltas y castigaron severamente a la población musulmana.
En 1501 la Corona decretó, a instancias del mismo cardenal, la conversión forzosa de los musulmanes de Granada al cristianismo, sin opción siquiera a partir al exilio como se le había ofrecido a los judíos en 1492. Las mezquitas fueron convertidas en iglesias, los hammam cerrados y se prohibieron las festividades islámicas. En 1516, Cisneros, ya regente de toda Castilla, publicó una nueva pragmática que obligaba a los descendientes de musulmanes a abandonar su traje, usos y costumbres.
Tras un periodo de ligera tolerancia bajo el rey Carlos I, su hijo Felipe II de España endureció de nuevo la represión de las costumbres de origen moro, incluyendo la lengua árabe y la música tradicional.
Esto dio lugar a la segunda rebelión de las Alpujarras, esta vez convertida en una guerra que duró tres años. La población morisca del reino de Granada fue desterrada a otros puntos de la corona de Castilla. Finalmente, el rey Felipe III decretaría la expulsión de los moriscos en 1609.
En esta segunda Rebelión de las Alpujarras destacó el joven Aben Humeya, el líder morisco que soñó una Andalucía independiente
La rebelión morisca de las Alpujarras se había convertido en el principal problema de estado de la cancillería del rey hispánico Felipe II. Aquella revuelta requeriría más atenciones y esfuerzos que el proceso revolucionario iniciado en las provincias luteranas de los Países Bajos hispánicos, ya que el riesgo de contagio de aquella rebelión morisca hacia otros países peninsulares con población musulmana era más que real, así cono la participación de voluntarios otomanos en sus filas. Una doble amenaza r para la monarquía hispánica, más que lo que estaba sucediendo en las lejanas Flandes, Zelanda y Holanda.
La rebelión morisca granadina (1568-1571) estuvo a punto de triunfar. Como mínimo, durante la primera fase del conflicto (1568-1569), tuvo a la monarquía hispánica del integrista Felipe II al borde de un precipicio. Si hubiera logrado su objetivo, habría restaurado y proyectado hacia el futuro un estado árabe y musulmán en el extremo sudoccidental de Europa.
Fernando de Válor, oportunamente renombrado Abén Humeya y líder del movimiento, se intituló "rey de los andaluces". Aspiraba a reeditar el reino de Granada, es decir, un estado andaluz independiente, aunque, en aquel momento —transcurridos tres cuartos de siglo desde la conquista de los Reyes Católicos (1492)— la mitad de la población ya era al menos oficialmente cristiana.
Abén Humeya formaba parte de la primera generación de musulmanes granadinos que durante la conquista castellanoleonesa (1482-1492) se habían convertido en apariencia al cristianismo y que, a cambio, habían sido integrados en la estructura del nuevo aparato de dominación.
Su familia se consideraban descendientes de los califas Omeya, que habían reinado en Córdoba durante siglos. Pero su abuelo se había bautizado, había adoptado el nombre de Hernando de Córdoba y había sido nombrado concejal del gobierno municipal de Granada y señor de Válor, en la Alpujarra. El propio abuelo había añadido el topónimo Válor a su nombre de familia paterno, y se habían convertido en los Válor de Córdoba. Medio siglo más tarde (1545), nacía Fernando de Válor, que al estallar la rebelión se convertiría en Abén Humeya.
La Granada nazarí no se rindió, sino que capituló, y lo hizo en las mejores condiciones que nunca un dominio musulmán derrotado había pactado con las fuerzas cristianas peninsulares.
En Granada, se pasó de la tradicional política de expulsión de la población musulmana, que habían practicado los estados cristianos peninsulares durante siglos, a una nueva estrategia de persuasión, que perseguía la conversión pacífica de los musulmanes. Durante los años inmediatamente posteriores a la conquista, la Iglesia católica implantada en el viejo reino nazarí invirtió todos sus esfuerzos en una tarea de predicación, evangelización y catequización. Pero aquel clima de tolerancia tuvo una existencia efímera, y las cosas se empezaron a torcer siete años después de la conquista (1499).
La Vega de Granada (la comarca en torno a la ciudad) siempre había sido un territorio agrícolamente muy próspero y, tras la conquista (1492), generó un gran poder de atracción entre la población cristiana de la Corona castellanoleonesa. Sin embargo, a pesar de los acuerdos de capitulación, a medida que avanzaba la década (1492-1500), la convivencia no fue pacífica, y los conflictos y, sobre todo, el nivel de violencia entre las dos comunidades, dibujaría una acusada espiral de tensión. La justicia castellanoleonesa, lejos de buscar soluciones consensuadas o, en el peor de los casos, salomónicas, convirtió las Capitulaciones en papel higiénico, e inauguró la etapa represiva que conduciría, inevitablemente, a la revuelta.
En las postrimerías de 1499, como dijimos más arriba, se produjo una primera revuelta en la ciudad de Granada, en el barrio morisco de El Albaicín. Jiménez de Cisneros, arzobispo-cardenal de Toledo y confesor de la reina Isabel I de Castilla, había focalizado la presión sobre los llamados "elches" (antiguos cristianos que se habían convertido al Islam durante la dominación musulmana) como un modo de agrietar la monolítica comunidad morisca. Pero un incidente aislado en El Albaicín, que se saldó con varias muertes (funcionarios castellanoleoneses y vecinos del barrio), desembocó en una rebelión generalizada. Los reyes Fernando e Isabel, asustados, desautorizaron a Cisneros, que perdió momentáneamente la confianza de la monarca castellana y estuvo a punto de acabar en el banquillo de los acusados.
Tras el motín del Albaicín, la situación se calmó, pero la tensión siguió presidiendo el clima social del reino de Granada.
A mediados del siglo XVI, la población cristiana ya había igualado la masa demográfica morisca (unas 150.000 personas de cada comunidad), y entonces se reabrió la caja de los truenos. Como en la anterior crisis, tuvo un papel destacadísimo la posición de la Iglesia católica. El arzobispo del momento era Pedro Guerrero, un fanático dispuesto a cualquier cosa para imponer el contraataque católico que se cocinaba en Trento. Guerrero logró que el integrista Felipe II hiciera suyas sus tesis y se les diera naturaleza de ley. El 1 de enero de 1567, se publicaba la Pragmática Sanción, la mecha de la segunda revuelta morisca.
No obstante, los representantes políticos de la comunidad intentaron negociar con el rey la congelación de esa ley a cambio de un importante donativo a la corona. Los moriscos, de buena fe, entregaron 80.000 ducados (el equivalente a unos cinco millones de euros actuales). Pero el destino, desgraciadamente, ya estaba escrito. Como las normas de la Pragmática, que entraron en vigor y que, entre otras cosas, prohibían el uso público y privado de la lengua morisca granadina, obligaban a bautizarse masivamente, a vestirse "a la castellana", a enviar a los hijos a educarse (con cargo a las familias) a Castilla la Vieja, o a abrir la puerta de casa a las inspecciones de los vecinos cristianos.
El 24 de diciembre de 1568, estalló la segunda rebelión morisca en Béznar (en el valle de Lecrín, cara sur de Sierra Nevada).
Abén Humeya pasó a liderar la rebelión por sus innegables dotes y por su pedigrí familiar. Pero aquel movimiento se desprestigió rápidamente.
El aparato de dominación castellanoleonés era tan agresivo con la población musulmana como con los segmentos humildes de la población cristiana.
Y Abén Humeya, que demostró una extraordinaria capacidad militar, no tuvo, en cambio, altura política; y el movimiento que lideraba, que habría podido sumar a una buena parte de la población cristiana, se desprestigió por el uso incontrolado de la violencia: en las Alpujarras fueron asesinados docenas de religiosos que no formaban parte de la curia represora. De este modo, el "rey de los andaluces" se convirtió, solamente, en el "reyes de los moriscos".
El 20 de octubre de 1569, en el punto álgido de la rebelión, Abén Humeya era asesinado por su propio primo, Diego López —que desde el estallido de la revuelta se hacía llamar Abén Aboo— que lo estranguló con una cuerda y que lo relevó en el liderazgo del movimiento. Con Abén Aboo, a diferencia de la etapa de Abén Humeya, la rebelión morisca siempre iría a remolque de la iniciativa hispánica, hasta la derrota definitiva de 1571.
Abén Humeya, antes de morir, había organizado unos Juegos Olímpicos de la resistencia morisca, que son importantísimos en la historia deportiva: son el eslabón que une los juegos de la Grecia antigua con los de la contemporaneidad. Abén Humeya fue un líder político y un pionero del deporte que soñó una Andalucía independiente.
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| Frente a este lugar, junto a las bravas aguas del río Cadiar, y bajo las ramas cargadas de tradicion del Olivo del Rey Chico, fue proclamado en 1569 emir de todos los granadinos Aben Humeya. |

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