Cuando una cultura se encuentra en un estado creciente, su economía, su lengua, así como sus géneros literarios y sus elementos más destacados se extienden por las demás culturas cercanas.
En cambio, si la cultura está en decadencia, su literatura, su economía y su lengua sufren un retroceso que se refleja de una forma muy notoria en el comportamiento de su gente, así como en el poco impacto que pueden causar en las culturas ajenas.
De este modo podemos afirmar que la literatura de viajes entre los árabes gozaba de un gran esplendor en su etapa más gloriosa –entre los siglos X y XIV– dando posibilidad de extender su ciencia, su lengua y su comercio a otros lugares del mundo.
Vemos a Simbad el Marino viajando por los mares de China o a Ibn Faḍlān viajando por Bulgaria del Volga (Ibn Faḍlān) y cómo no, al gran Ibn Baṭṭūṭa atravesando mares y desiertos por todo el mundo para narrar sus aventuras y vivencias (Ibn Baṭṭūṭa, 1979).
Sin embargo, el género del relato de viaje estaba a punto de desaparecer de la cultura árabe con la decadencia de esta cultura a principios del siglo XVI.
Pero volvió a renacer en la primera mitad del siglo XIX gracias a la aparición de personajes como Rifāʻa Raāfiʻ al-Ṭahṭāwī, quienes dieron nueva vida otra vez a este género al componer el relato de su viaje a París, Taḫlīṣ al-ibrīz fī talḫīṣ Bārīz ‘La quintaesencia en la descripción de París’ (Al-Ṭahṭāwī).
Pero el viaje de al-Ṭahṭāwī se diferencia de los viajes de sus antepasados en algo muy importante: es un viaje desde una posición de debilidad y no desde el poderío, el en mismo subyace el sometimiento a la expansión de la cultura europea, no está hecho desde el esplendor de la cultura árabe.
Este viaje en sí mismo es el inicio del despertar y el renacimiento de la nueva cultura árabe.
Es el principio del descubrimiento del “yo” a través de la comparación del “yo” con el “otro”.
El “otro” en este caso es Europa, que en aquellos tiempos era la fuerza dominante y se convirtió desde entonces en el ejemplo a imitar.
En este nuevo contexto viajaron todos los viajeros árabes a Europa desde el siglo XIX hasta nuestros días.
'Desde luego un libro de viaje puede simbolizar la importancia histórica, cultural o social, pero en muchas ocasiones el relato las supera y se convierte en un libro de aventuras o de exploración personal; además puede ponernos al tanto de una situación histórica y cultural de una sociedad, influida por la personalidad del viajero.
Por ejemplo, el relato de viaje de Edward Lane a Egipto y Siria, Maneras y costumbres de los modernos egipcios, es totalmente contrario al relato de viaje mencionado anteriormente del padre del renacimiento cultural árabe, Rifāʻa Raāfiʻ al-Ṭahṭāwī, en el cual describe su estancia en París.
Este último relato se publicó dos años antes del relato de Lane en 1834.
El viaje de Edward Lane, así como los viajes de otros europeos que visitaron los países árabes en aquel periodo, representan el sentimiento de superioridad de las sociedades europeas y en muchos casos el intento de descubrir aquellos países y recabar toda la información necesaria para empezar la colonización que se llevó a cabo posteriormente por parte de los europeos.
En cambio, el viaje de al-Ṭahṭāwī a París, así como el resto de los viajes realizados por árabes a Europa, señalan por un lado la debilidad de sus sociedades, expuesta a la supremacía y el dominio europeo; por otro lado, el deseo de aprender y descubrir el secreto de su superioridad y finalmente, el sentimiento de inferioridad hacia los europeos y la necesidad de superarlo.
Por ello, en muchas ocasiones observamos una perspectiva arrogante por parte de los viajeros europeos, para los que oriente es el lugar que representa todo lo extraño y el escenario de todo lo atrasado. En cambio, hallamos en los relatos de los viajes árabes a Europa una mirada de admiración y fascinación por el avance científico, industrial y cultural del que gozan los europeos.
A partir de los relatos de los viajeros árabes a occidente en el siglo XIX, Europa es el espejo donde hay que mirar: se construyen las casas al estilo europeo, se viste como los europeos e incluso se come como los europeos
Todo ello puede dar lugar todavía a mucha investigación; sin embargo, nuestro propósito en estas páginas es seguir con los relatos de viajes y hablar del relato escrito por Aḥmad Zakī Pacha a España en 1893.
Podemos considerar los viajes de los árabes a Europa en esta época como el viaje del alumno en pos de su profesor, del débil hacia el fuerte.
Sin embargo, el viaje de Aḥmad Zakī Pacha a España o como dice él a al-Ándalus, no tiene las connotaciones mencionadas anteriormente –postura de cierta admiración y reconocimiento del débil hacia el fuerte–.
Se trata de algo nuevo: es el viaje nostálgico, siendo seguramente el primer viaje de este estilo que vemos en la literatura árabe de viajes.
Este periplo representa la vuelta del alma al cuerpo de la sociedad árabe, el retorno del espíritu aventurero para viajar y conocer mundo, y con ello la sociedad árabe puede entender al “otro” cuya esencia ha sido formada en parte también por lo árabe, como la propia alma de quien escribe.
Quizás una de las causas que nos llevó a estudiar y analizar este relato es nuestro convencimiento de su carácter pionero en poner delante del lector árabe ese nuevo subgénero dentro de la literatura árabe de viajes, y que tal vez sea el origen de esas añoranzas y lágrimas que se pueden leer en la literatura árabe moderna sobre las ruinas de la cultura y la civilización árabe desaparecidas.el viaje de Aḥmad Zakī Pacha a España o como dice él a al-Ándalus, no tiene las connotaciones mencionadas anteriormente –postura de cierta admiración y reconocimiento del débil hacia el fuerte–.
Se trata de algo nuevo: es el viaje nostálgico, siendo seguramente el primer viaje de este estilo que vemos en la literatura árabe de viajes. en palabras del propio Zakī.
Ciento veinte años después de la visita de Aḥmad Zakī Pacha a España, intentaremos dar a conocer cómo era España vista por los ojos de un árabe –a veces llenos de alegría, otras veces llenos de lágrimas–; un egipcio culto que no solo ve la España de finales del siglo XIX, sino aquélla heredera de al-Andalus que en este mismo espacio geográfico existió muchos siglos antes.
El autor Ahmad Zakī Pacha, nació en Alejandría en 1867, de padre marroquí y madre kurda.
Estudió en la escuela al-Tağhīziyya en El Cairo, ingresando en 1887 en la Escuela de Administración (ahora Facultad de Derecho), donde estudió traducción y destacó en su dominio del francés, hasta tal punto que, siendo aún estudiante, trabajó de traductor para el gobierno provincial de Ismāʻiliyya. También dominó el inglés, el italiano y tenía muchos conocimientos del latín.
Una vez terminado sus estudios trabajó como traductor en la oficina de prensa del consejo de ministros, donde fue ascendiendo hasta llegar a ocupar en 1911 el cargo de secretario general del consejo de ministros, un cargo que sostuvo hasta su jubilación diez años después.
Su interés se centró en la actividad literaria: dedicó gran parte de su tiempo a traducir libros así como a editar obras literarias pertenecientes al patrimonio cultural árabe. Le ayudó en esta tarea su buena posición económica y su estrecha relación con investigadores y orientalistas de la Academia de las Ciencias y la Sociedad Geográfica Egipcia.
En 1910 presentó al Consejo de Ministros un proyecto para hacer resurgir la literatura árabe antigua, que fue aprobado en una reunión presidida por el Jedive.
Uno de sus libros más importante es Al-Safar ilā al-muʼtamar ‘Viaje a la conferencia’, en el cual hace una descripción de un viaje que realizó a Europa en 1892, con el fin de asistir a la novena conferencia de orientalistas celebrada en Londres (agosto 1892).
Este viaje duró unos seis meses, dejando El Cairo el 14 de agosto de 1892 y regresando a la misma ciudad el 14 de febrero de 1893. Fue ésta su primera visita a Europa, así como la primera oportunidad que se le otorgaba a un egipcio de participar en una conferencia internacional de orientalistas
Aḥmed Zakī Pacha asistió a la conferencia en calidad de representante del Jedive de Egipto ʻAbbās Ḥilmī II, y fue acompañado a este viaje por el Šayḫ Muḥammad Rašīd.
También asistió a esta conferencia el conocido orientalista alemán Karl Vollers quien dirigió la biblioteca de El Cairo a finales del siglo XIX.
Durante este viaje visitó más de cuarenta ciudades, algunas de ellas dos veces como Roma, París, Londres, Madrid y Barcelona.
Su viaje a esta conferencia le permitió visitar varios países y realizar una estancia de seis meses entre los europeos, así como entrar en contacto, hablar y escuchar las ideas de orientalistas de todo el mundo y Visitar bibliotecas y buscar libros pertenecientes al patrimonio cultural árabe en todas las bibliotecas europeas.
Pero le permitió principalmente visitar España y repasar la historia de al-Andalus, recordando los nombres de sus ciudades, los apellidos de su gente y compararlos con apellidos y nombres utilizados por los españoles en la actualidad.
Pero quizá uno de los aspectos más importante del viaje de Zakī a España fue aquella descripción que él mismo acuñó de al-Andalus como Al-Firdaws al-mafqūd ‘El paraíso perdido’, que desde entonces hasta hoy en día pervive entre los árabes.
Así lo recuerdan, repitiendo esta idea cada vez que hablan de al-Andalus.
Este viaje no fue el único que realizó Zakī a Europa, sino que fue el inicio de otros muchos viajes en los que continuaron sus contactos con los orientalistas europeos, así como su búsqueda de libros árabes antiguos en las bibliotecas europeas.
Se multiplicaron las alusiones a al-Andalus como al-firdaws al-mafqūd en sus artículos; unos reportajes generalmente compuestos durante sus viajes, los cuales iban mandando al periódico egipcio al-Ahrām.
En él publicará Zakī sus artículos desde 1892 hasta su muerte en 1934
(La palabra ‘jedive’ tiene su origen en el persa jidiw que significa ‘señor’, es un título creado en 1867 por el sultán otomano para el entonces gobernador de Egipto, Ismāʻīl Pasha. El titulo lo heredó su hijo, así como sus nietos. ʻAbbās Ḥilmī II fue el último en ostentar aquel título)
Su amor por su “Paraíso Perdido” encendió en su interior la llama espiritual que le llevó a buscar todo lo que tenía que ver con los árabes en España, e intentar defender la gloria de los árabes y el islam en aquella tierra tan querida para él y para todos los de su cultura.
Su labor investigadora en este sentido fue desarrollándose desde tres ejes fundamentales:
1º. Investigar y fotografiar libros y documentación pertenecientes al pasado árabe de al-Andalus.
2º. Buscar monumentos árabes, así como tumbas de personajes pertenecientes a la civilización árabe de al-Andalus para recordarlos y homenajearlos.
3º. Corregir los nombres de ciudades, lugares, así como hechos relacionados con la lengua árabe, la historia y la geografía utilizados erróneamente por escritores y periodistas árabes.
Dentro de este impulso esencial en su vida, podemos resumir la vida intelectual de Zakī en tres etapas: 1ª. En la primera etapa se dedicó a la búsqueda de libros en las bibliotecas turcas, europeas y del resto del mundo, fotografiando aquellos libros o documentos que consideraba interesantes, para luego editarlos y publicarlos.
2ª. Revisar y estudiar los libros antiguos para crear una biblioteca que contuviera libros con temas relacionados con la literatura, la historia y la geografía. En esta etapa entró en contacto con muchos investigadores
3ª. La tercera y última etapa empieza con su jubilación en 1921, yendo hasta su fallecimiento en 1934. Es la más fértil de las tres etapas, publicando en ella muchísimos artículos y llevando a cabo numerosas investigaciones.
Su relación con los líderes árabes era tan buena –debido a su fama y su labor de años– que intervino en esta época como mediador en un conflicto entre Arabia Saudí y Yemen.
También fue asignado como mediador en la disputa de 1929 entre árabes y judíos sobre el Muro de las Lamentaciones
Aḥmad Zakī Pacha fue influido esencialmente por tres movimientos ideológico culturales:
I. El primero, el Renacimiento cultural árabe (Nahda), iniciado y abanderado por Rifāʻa Rāfiʻ al-Ṭahṭāwī en el campo de la traducción y la transferencia de los conocimientos literarios e intelectuales del francés al árabe
II. El segundo, el renacimiento intelectual dirigido por el Ğamāl ad-Dīn alAfġānī, centrado especialmente en la liberación del pensamiento y la fe en el oriente musulmán
III. El tercero, finalmente, el renacimiento encabezado por Muḥammad ʻAbdū, centrado en el intento de liberar la lengua árabe de las ataduras de su estilo. Propugnaba que se dirigiera la escritura hacia su contenido y objetivo, sin depender de las introducciones, las asonancias y los alambicamientos verbales que se usaban habitualmente en la lengua árabe culta
Su vida como escritor de artículos fue enormemente prolífica: escribió artículos en muchos periódicos y revistas importantes tanto egipcias como de todo el mundo árabe, como al-Ahrām, al-Waṭan, al-Hilāl, al-Muʼyyid Kawkab al-Šarq o al-Balāga.
Podemos decir con total seguridad que publicó más de mil artículos, que pueden configurar unos veinte tomos, alrededor de temas relacionadas con la historia, la geografía, la arqueología y la lengua.
A pesar de la buena salud de la que gozó habitualmente nuestro autor, el dos de julio de 1934 y con sesenta y siete años murió de forma repentina en su casa de El Cairo.
Su fallecimiento le impidió terminar obras en curso e iniciar aquellos proyectos que anunciaba a sus lectores, como aquel diccionario de las figuras destacadas de alAndalus o el de ciudades de al-Andalus, sobre los cuales había escrito artículos en la revista al-Hilāl en diciembre de 1933.
Dejó una biblioteca con dieciocho mil libros que en aquel entonces sería equiparable y a la altura de la Biblioteca Nacional que fundó ʻAlī Mubārak.
Fue enterrado en una mezquita que él mismo empezó a construir en 1921 y a la que dedicó sus últimos años
El viaje Con el título de “La despedida de París, y hablar de al-Andalus y al-Burtuqāl (sic) (Portugal)” empieza Zakī hablar de su viaje por la península Ibérica, tierra para él tan querida.
Después de una larga estancia en París donde vio todo lo que puede ver un turista aventajado en la “ciudad de la luz”, desde sus museos hasta sus famosos teatros, en la medianoche del 19 al 20 de noviembre de 1892, tomó un tren hacia España.
Pasó por las ciudades de Tours, Angulema y Burdeos, las cuales no pudo ver por falta de tiempo y por ganas de llegar cuanto antes a su “paraíso perdido”.
Estaba enormemente cansado de un viaje que había durado más de veinticuatro horas, pero, como él mismo dice, “cuando respiré el aire de al-Andalus y vi su cielo se fue todo este cansancio” (Zakī, 375).
Después de esta alegría de llegar a España/al-Andalus, no tardó en entristecerse cuando recordó aquellos días en los que la bandera de la civilización islámica ondeaba sobre aquellas tierras, la voz del muecín se escuchaba por todos los lugares y las mezquitas estaban llenas de fieles, rezando y estudiando.
Su imágenes se proyectaron a la época en que la civilización árabe extendía sus conocimientos por todo el mundo, cuando el califato de al-Andalus superaba al de oriente en grandeza, cuando los reyes de Europa pedían ayuda y auxilio a los califas musulmanes de al-Andalus, cuando despuntaban los sabios y los científicos árabes en todas las ciencias, demostrando con ello que el Islam está a favor y ayuda a la ciencia
Esta tristeza llevó a nuestro autor a recordar y citar aquella famosa qasida del llanto por la caída de al-Andalus en manos de los cristianos y en especial Sevilla, escrita por el poeta de Ronda Abū al-Baqāʼal-Rundī con la esperanza de obtener la ayuda de los musulmanes del norte de África, después de que el rey nazarí Muḥammad Ibn alAḥmar entregase varias ciudades a Alfonso X.
El poeta se refiere a los acontecimientos de la historia antigua árabe y persa, así como a la captura de Sevilla en su intento de atraer el apoyo militar, citando el poema: لكل شيٍء إذا ما تم نقصا ن ال ي غُّر بطيب العيش إنسا ن Todo lo que se eleva a gran altura comienza a declinar. ¡Oh Hombre! ¡No te dejes seducir por los encantos de la vida.
Corresponde al artículo dieciséis de su viaje a Europa enviado al periódico al-Āhram y recogido más tarde en su libro al-Safar ilā al-muʼtamar ‘Viaje a la conferencia’, este artículo fue escrito tal como menciona el autor desde Granada el 23 de enero de 1893
Su primera noche en España la pasó en Irún. A la mañana siguiente fue a dar un paseo por la ciudad y, curiosamente, aquella ciudad le recordó Egipto por sus edificaciones, ventanas y callejuelas. Comenta que antes de llegar a España y durante su estancia en París empezó a estudiar gramática española, pero cuando llegó a Irún y entró en contacto con la gente se dio cuenta de que estudiar una lengua es una cosa y ponerla en práctica es otra cosa totalmente diferente; por ello tuvo que utilizar el italiano, el francés y en ocasiones el lenguaje gestual para entenderse con la gente
Explica que antes de venir a España, también en París, había leído en algunas revistas y libros de viaje que los españoles odiaban a los árabes.
Esta idea la desmiente Zakī de forma rotunda, afirmando que fue tratado con mucha amabilidad y mucha cortesía por parte de los españoles y que estas noticias que dicen que odian a los árabes los españoles no se ajustaban a la realidad que él mismo vivió.
Se muestra Zakī muy orgulloso de ser el primer egipcio y musulmán de su generación en visitar todo al-Andalus, y de escribir y comparar entre lo que ve y lo que había en la época gloriosa de paraíso perdido.
Este modo de ver España y compararla con al-Andalus se desarrolla de forma muy destacada en relatos de otros viajeros árabes que visitaron España a lo largo del siglo XX.
Todos ellos no veían solo la España de su tiempo, sino el al-Andalus que habían estudiado en los libros, con toda su gloria y su esplendor, como el caso del Muḥammad Labīb al-Batnūnī, que visitó España en 1926 y escribió su libro Riḥlat al-Andalus ‘Viaje por al-Andalus’, o Ḥusayn Muʼnis quien, durante su estancia en España como Director del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos de Madrid, escribió en 1964 su magnífico libro, homónimo del de al-Batnūnī, también titulado Riḥlat al-Andalus ‘Viaje por al-Andalus’.
La descripción geográfica e histórica que hace Muʼnis de al-Andalus refleja un perfecto conocimiento y una extensa cultura.
. De Irún se fue Zakī a San Sebastián y de allí a Pamplona, donde recuerda el pasado y subraya que los árabes gobernaron esa ciudad solamente durante doce años, estando muy limpia en el momento en el que la visitó además de tener luz eléctrica por sus calles
En Zaragoza estuvo varios días y fue invitado por Pablo Gil, presidente la Academia Jurídico-literaria de Zaragoza, a dar una conferencia en una reunión de la Academia. La conferencia la impartió en francés y trató sobre el pasado árabe de la ciudad de Zaragoza. Utilizó para preparar aquella conferencia libros en árabe facilitados por profesores españoles que se dedicaban a la enseñanza de este idioma, siendo nombrado en la misma reunión miembro honorífico de la Academia. También en esa misma reunión Don Julián Ribera dio una conferencia sobre la relación entre las gentes de alAndalus y los egipcios. Visitó todos los monumentos árabes en Zaragoza, y en la biblioteca de Don Pablo Gil vio por primera vez documentos escritos en aljamiado , allí empezó a describir al lector y explicar como se llegó a escribir esta lengua por parte de los árabes. De Zaragoza se fue a Miranda y de allí a Burgos donde visitó su famosa catedral, y en una de sus iglesias vio un estandarte árabe procedente de la batalla de Las Navas de Tolosa, de la cual hablaremos después.
El aljamiado es la escritura en caracteres árabes de las lenguas romances habladas por mudéjares y moriscos, descendientes de los andalusíes, en los territorios dominados por los cristianos tras las sucesivas conquistas de la Edad Media y hasta el siglo XVII.
De la ciudad de Burgos se fue a Ávila y de allí a la capital del reino de España, Madrid. Habla de su antiguo nombre en árabe Mağrīṭ y cuenta cómo visitó todos sus museos, se entrevistó con muchos científicos y embajadores (entre ellos el embajador del estado Otomano en España), frecuentó las fiestas populares y asistió a obras teatrales en los conocidos teatros de Madrid, de los cuales dice: “Visitar los teatros en Madrid por la noche ayuda mucho a perfeccionar en conocimiento de la lengua, además las obras trasmiten las buenas morales y enseñan las buenas costumbres”.
De Madrid se fue a visitar Toledo, la cual le impresionó que se conservara tan hermosa como en la época de los árabes, y dice que él no conoce en Egipto ninguna ciudad que se haya conservado como Toledo con sus calles, callejuelas y edificios, como si el tiempo no pasará por esta ciudad tan bella, lo cual demuestra la grandeza de los árabes.
De Toledo volvió otra vez a Madrid, donde asistió a tres corridas de toros, aprendió sus normas y observó la afición de los españoles por estas corridas, y que los toreros son las personalidades publicas más importantes y más queridas por el pueblo. También afirmó que los árabes de al-Andalus eran muy aficionados a las corridas de toros, incluso más que los españoles
Después de una larga estancia en Madrid, tomó un tren y se dirigió a Portugal, dijo que su nombre en árabe es al-Burtūqāl, visitó su capital Lisboa (Lišbūna) y todos los monumentos árabes que se encuentran en esta ciudad. Allí se entrevistó con el embajador del estado otomano y recibió de la Sociedad Geográfica una invitación para visitar todas las bibliotecas del país y disponer de todo lo necesario para sus estudios.
Visitó la ciudad de Cintra (Šantara) y vio sus fortalezas árabes encima de las montañas y un cementerio con una cruz y una media luna en su puerta, porque en él estaban enterrados tanto musulmanes como cristianos. Se entrevistó con el rey de Portugal durante varias horas, y recibió de él un regalo. Comenta que Lisboa es una de las ciudades más bellas que ha conocido, que es más bella que Génova y Nápoles y se parece mucho a Constantinopla.
De Lisboa fue a Oporto, donde pasó unos días visitando monumentos y de allí volvió a España.
Su primera parada fue en Salamanca, que tal como dice Zakī, que su nombre en árabe es Šalamanqā, no Salamankā como algunos dicen, ni tampoco Talamanqā (que es un pequeño pueblo cerca de Madrid). Compara la Universidad de Salamanca con la Universidad de Coímbra en Portugal, Oxford y Cambridge en Inglaterra.
De Salamanca volvió a Madrid. En esta ocasión se entrevistó con la reina de España María Cristina, de la cual dice que es una mujer muy guapa y muy cultivada y le sorprendieron mucho sus conocimientos. Durante la entrevista hablaron de muchos temas relacionados con la ciencia, la literatura y de los monumentos árabes en España. Solicitó a la reina durante la conversación que hiciera todo lo posible para restaurar Medina Azahara (Madīnat al-Zahrāʼ), aquella ciudad construida por ‘Abd al-Raḥmān III (quien reinó siete siglos y medio antes que ella)
La reina respondió: “Los españoles han cometido muchas barbaridades contra los árabes, pero no fueron ellos quienes destruyeron aquella ciudad, sino los propios musulmanes; ellos fueron quienes destruyeron y quemaron aquella ciudad tan bella”. Allí Zakī reconoce y lamenta que la causa de la pérdida de esta ciudad fue la división y los enfrentamientos entre los propios musulmanes y que estas disputas causaron la pérdida de todo al-Andalus.
En otra edición del mismo libro comenta que la reina le habló de la civilización árabe como si hubiera heredado los conocimientos de Averroes, Ibn Ṭufayl o Ibn Ḥazm, y como si hubiera estudiado en las mezquitas de Córdoba, Toledo o Granada de manos de los sabios y los alfaquíes más ilustres que enviaron la luz de la ciencia a toda Europa. Más tarde la reina le impuso la Real Orden de Isabel la Católica, de modo que Zakī se convirtió en el primer musulmán caballero de la Orden de Isabel la Católica de manos de la reina María Cristina
Por problemas de salud, los médicos le aconsejaron ir a una zona más cálida que Madrid, y con ello, aprovechó la ocasión y viajó a Sevilla. Recuerda que es también conocida entre los árabes por el nombre de Homs, como la ciudad siria. Visitó todo lo que se pueda ver en la ciudad, por supuesto todas sus iglesias y, cómo no, también su catedral. Subió a la torre (La Giralda) que se corresponde al alminar de la antigua gran mezquita de Sevilla.
Lamentó encontrar en su cima campanas en vez de aquel centro de astronomía que existía en la época musulmana.
La belleza de los Reales Alcázares de Sevilla le hizo olvidar todas aquellas edificaciones tan bellas que había visto antes en las mejores ciudades de Europa.
Se detuvo en la hermosura de las casas y los palacios de aquella ciudad, con sus patios llenos de árboles bien cuidados y después describió aquel río tan hermoso –el Guadalquivir– que pasa por la cuidad (Zakī 1990, 403)
Salió de Sevilla hacia Granada. Los pueblos que están en el camino entre las dos ciudades le recordaban aquellos pueblos que se pueden encontrar en Egipto, Siria o Túnez, con sus iglesias que eran mezquitas en otros tiempos. Su leitmotiv a lo largo del viaje se va repitiendo incansable: todo lo que veía le recordaba el pasado glorioso de alAndalus.
Con sentimiento agridulce habla de Granada (aquella ciudad que los árabes comparan con Damasco), el último refugio para los musulmanes después de la caída de todo al-Andalus.
Salvo aquel reino, que aguantó solo más de doscientos cincuenta años y que contaba con más de cinco mil caballeros y un ejército de doscientos mil combatientes (procedentes de muchos lugares de alrededor como Guadix o las Alpujarras).
Llegó de noche a la ciudad de Granada. Se hospedó en el hotel Washington (Irving) que según él, fue construido sobre el cementerio de los reyes de Granada y que Ibn alḪaṭīb llamó al-Turba.
Después de cenar, no pudo dormir pensando en aquellos reyes que tuvieron todo y todo perdieron.
Al día siguiente fue a la Alhambra –explica en una nota a pie de página que es una ciudad construida en el alto de una montaña– citando varios versos del poeta Ibn ʻAbdūn al-Andalusī, en los que habla de la belleza de este monumento.
Da una paseo por todos los rincones de esta magnifica edificación y comenta que es tan bella que a los sanos vuelve locos, que el que no la ha visto no puede imaginar su hermosura.
Después de visitar la Alhambra recorrió toda la ciudad, murallas, casas, palacios, el río Genil, los jardines. Mencionó las uvas que se encuentran en muchos lugares de esta ciudad, cuyo aspecto es maravilloso. Comentó que no ha visto nada igual en esta ciudad, y que al-Maqqarī no estuvo a la altura y se quedó corto Hany El Erian El Bassal en sus preciosos poemas describiendo al-Andalus y Granada, porque lo que hay en ellas es mucho más bello y supera la descripción que él hizo.
Una vez contado lo que habían visto sus ojos, pasa a relatar historias y anécdotas de los reyes que gobernaron esta tierra en la época musulmana
Historias y anécdotas.
Comenta que la esposa de al-Muʻtamid y la madre de sus hijos conocida por al Rumaīkiyya vio un día en Sevilla a mujeres que venían de las afueras de la ciudad para vender leche andando por el barro con los vestidos levantados. Ella le dijo a su real esposo que desearía hacer lo mismo con sus damas –es decir, andar en el barro con el vestido levantado– y entonces ordenó al-Muʻtamid traer ámbar, almizcle, alcanfor y agua de rosas y con todo aquello elaborar en el patio del palacio mucho barro para que la esposa y sus damas disfrutaran andando y jugando dentro de aquel barro. Más tarde la pareja se enfadó, tal como comenta Zakī –algo natural entre muchos matrimonios– y ella le dijo: contigo no he visto ni un día bueno; a lo cual respondió él: ¿ni tampoco el día del barro? Recordando aquel día en que había gastado tanto dinero, ella se avergonzó y no abrió la boca más
También explica que al emir de al-Andalus ʻAbd al-Raḥmān Ibn al-Ḥakam le gustaban mucho las mujeres, y estaba enamorado de una doncella llamada Ṭarūb, pero aquella doncella un día se enfadó con él y no quiso verlo más. Por ello, mandó a los eunucos a sacarla de su habitación, pero ella no quiso abrir la puerta. Los eunucos pidieron permiso al emir para arrancar la puerta, pero el emir se negó y los ordenó cubrir la puerta con sacos de monedas. Después de eso, se fue él mismo a pedirle que abriese la puerta, y cuando la doncella salió le cayeron los sacos y el dinero a bajo de sus pies, entonces él le dijo que el dinero era para ella, y más tarde le regaló un vestido valorado en cien mil dinares. Le dijeron que no debe gastar todo este dinero en una mujer, pero él respondió que ella vale mucho más que todo este dinero. En su respuesta incluyó el siguiente verso: إذا ما بدت لي شمس النهار طالعة ذكرتني طروبا Cuando veo la salida del sol, Me recuerda a Ṭarūb. Recalca el autor que las diferencias entre los árabes que causaron la perdida de gran parte de al-Andalus fueron las mismas que ocasionaron la desaparición del reino de Granada.
Pasa después a explayarse en los últimos años del reino nazarí, cuando había tres reyes al mismo tiempo: uno en Granada, otro en al-Bayāzīn (Albaicín o Albayzín) y un tercero en Wādī Āš (Guadix). Los árabes sintieron el peligro que les acechaba, por lo que sus monedas en aquella época llevaban frases que demostraban ese miedo a lo que se avecinaba. Comenta Zakī que Don Antonio Vives, un sabio que se dedicaba a la lengua árabe, le enseño varias monedas que llevaban las siguientes frases: ء َك َمن تَ َشا ْ مل ِك ت ْؤتِي ال ْ مل هَّم َماِل َك ال َّ ء الل ق ِل َك ِمَّمن تَ َشا ْ مل ِز ع ال َو ء تَن ِعُّز َمن تَ َشا ِذ ُّل َو َمن ت َوت ِدي ر ء َك َعلَى ك لِ َش ْي تَ َشا ٍء قَ ِنَّ ِيَ ِد َك ال َخْي ر إ ب Di: ¡Oh, Allah, Dueño del dominio! Tú das el dominio a quien quieres y se lo retiras a quien quieres, exaltas a quien quieres y humillas a quien quieres. En Tu mano está el bien. Eres omnipotente
Se trata de una historia que también fue recogida por Don Juan Manuel, en el ejemplo X de su El Conde Lucanor : “De lo que acaeció al rey Abenabet de Sevilla con la reina Ramayquía, su mujer”.
ِر ِغرناطة حاطها هللا -المرية َحرسها هللا – نَ ْص ر ِ م َن ا َّّللِ ي ب ح قَ َو – فَتْ ِم ْن ِعنِد ِالَّ ْص ر إ َو َما النَّ َح ِكيِم ِز ال ا َّّللِ العَ ِزي ¡Allah guarde a Granada! – ¡Allah proteja Almería! – ¡El auxilio de Allah y el éxito cercano! – ¡La victoria no viene sino de Allah, el Poderoso, el Sabio!
Todas estas frases no se utilizaban antes de estas fechas tan difíciles para los musulmanes de Granada; estos veían el fin, pero lo que no podían pensar era que estaba tan cercano.
Después nos habla de la caída de Granada y las lágrimas de Abū ʻAbd Allāh Ibn Muḥammad –Boabdil el Chico–, último rey de Granada, recordando las palabras de su madre cuando vio a su hijo llorando por la pérdida de su reino: انتحب مثل النساء على ملك لم تقدرعلى حفظه مثل الرجال Llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre .
Resalta el valor de los musulmanes cuando firmaron el tratado de entrega de la ciudad exigiendo, tanto para los judíos como para ellos, los mismos derechos, esto es: conservar su lengua y su religión.
Pero estos tratados no fueron respetados por parte de los españoles. Expulsaron a los judíos y más tarde el cardenal Cisneros ordenó recoger cualquier ejemplar de libro árabe, especialmente del Corán, y decidió que fueran sometidos al juicio implacable de las llamas. Más de 5.000 volúmenes fueron incinerados en la granadina plaza de Bibarrambla.
Los musulmanes fueron obligados a dejar su fe, su lengua e incluso sus costumbres. La Inquisición hizo toda la fuerza posible –con ejemplos que podrían aterrorizar a cualquiera– a los musulmanes para que cambiaran su fe por la cristiana. Casi todos lo hicieron, pero la mayoría siguió practicando el islam en secreto.
Sin embargo, ciento dieciocho años después de la caída de Granada, en 1609 y con Felipe III como rey de España, fueron expulsados más de setecientos mil moriscos de la tierra que les vio nacer a ellos y a sus antepasados.
Recalca que la expulsión de los moriscos no solo fue perjudicial para los musulmanes expulsados, sino también lo fue para toda España. Los musulmanes desterrados trabajaban en la agricultura, el comercio y la industria y representaban la mano de obra en muchos lugares; cuando se fueron, muchas tierras se quedaron sin cultivar por falta de trabajadores.
Algunos de los moriscos expulsados se fueron al norte de África, otros a Francia (quienes se quedaron en la región de Provenza), unos cambiaron su religión, otros no quisieron y marcharon a Túnez (adonde trasladaron sus conocimientos en agricultura y artesanías).
Lo que perdió España con la expulsión de los moriscos lo ganaron Francia y Túnez
Después de su estancia en Granada, se dirigió a Córdoba. De esta ciudad dice que es un paraíso atravesado por el Guadalquivir: los naranjos, los limones y los granados pueden verse por todos los lugares, y el olor que desprenden convierte el aire de la ciudad en un perfume agradable. Ninguna ciudad del mundo musulmán ha llegado al nivel de Córdoba, que en su época de esplendor contó con más de mil seiscientas mezquitas.
Por su parte, su gran mezquita no tiene igual: en su lugar había antes una iglesia, que ʻAbd al-Raḥmān I compró a los cristianos. No deja de referir que todos los califas contribuyeron a la ampliación de la mezquita y que cada uno de ellos quería dejar su nombre para la posteridad ampliando la mezquita o añadiendo algún elemento
Algo muy similar escribió Ḥusayn Muʼnis en su libro Riḥlat al-Andalus Los omeyas siempre quisieron conservar las costumbres de sus antepasados, y por eso, por ejemplo, la mezquita de Córdoba siempre fue para ellos su obra mimada: cada uno de los califas le hacía un regalo, efectuando ampliaciones y añadiéndole belleza a esta identificación religiosa, fuente cultural y científica
Aḥmad Zakī se lamenta de que esta mezquita se convirtiera en catedral, no pudiendo contener las lágrimas cuando caminaba entre sus 1293 columnas de mármol, pero, sobre todo, delante aquel miḥrāb tan bello, del que habla profusamente. Recuerda Zakī que Córdoba fue la primera ciudad del mundo con calles iluminadas durante la noche, de modo que uno podría andar más de diez millas por la noche, ya que había luz.
También fue de las primeras ciudades en cubrir las calles con baldosas y adoquines.
La sabiduría de su gente fue reconocida por los amigos y por los enemigos.
Nos habla de Abū al-Qāsim ʻAbbās Ibn Firnās que fue el primero en desarrollar la técnica del tallado del cristal de roca en al-Andalus, que interpretó el famoso libro de alʻarūḍ ‘la ciencia de la poesía’ de al-Ḫalīl 11 , que diseñó un reloj de agua y le puso el nombre de al-Maqata, que creó una esfera armilar para representar el movimiento de los astros y un planetario que construyó en su casa, siendo el primero en utilizar en toda la península Ibérica las tablas astronómicas, y que fue, en fin, el primer hombre en la historia que realizó intentos científicos de volar, construyéndose dos alas de plumas e intentando volar, aunque fracasó.
Zakī no solo destaca el papel de los médicos árabes en Córdoba, sino también el de los judíos.
Los médicos musulmanes eran la referencia de la medicina en todo el mundo, hasta tal punto que muchos reyes europeos utilizaron sus servicios, como el caso de Sancho I rey de León y (conocido por Sancho el Craso –adecuadamente traducido como “el Gordo”–), quien tuvo que viajar a Córdoba para visitar a un médico musulmán que no quiso viajar a verle. Esto demuestra en cierto modo el valor y la fama de aquellos médicos árabes de Córdoba que, en vez de desplazarse ellos para visitar a los reyes, eran los propios reyes quienes lo hacían buscando su sabiduría.
En este punto manda el autor un mensaje a los jóvenes egipcios para que tomen ejemplo de los sabios de al-Andalus, quienes llegaron a adelantar a todo el mundo en su época gracias a la ciencia y al conocimiento.
Explica que una de las causas de la gloria del califato de Córdoba es su cercanía al islam y por seguir sus enseñanzas; pero luego afirma que fue cuando se alejaron de aquellas normas cuando llegó su decadencia.
Está claro que su actitud vital ante estos hechos está inducida por sus creencias religiosas, y no se adecua a la historia.
Pero tampoco parece que se pusiera a investigar sobre las causas reales de la decadencia de al-Andalus.
Cuando concluyó su visita a la mezquita salió triste, no queriendo ver nada más en la capital del califato omeya de al-Andalus.
Volvió de Córdoba a Madrid, y de la capital de España hacia Zaragoza y de allí hacia Barcelona y de la capital catalana hacia Marsella.
En Francia pasó un tiempo y de allí viajó a Italia y finalmente regresó a Egipto el catorce de febrero de 1893.
La culpa de la pérdida de al-Andalus la atribuye Zakī a los propios árabes: son ellos los que hicieron la guerra contra ellos mismos, utilizando a los cristianos los unos contra los otros, como el caso de al-Ma’mūn, quien pidió ayuda al rey de Castilla para luchar junto a él contra los almohades; el rey de Castilla le puso varias condiciones: como entregarle diez castillos de su territorio y, en el caso de ganar a los almohades, adquirir la obligación de construir una iglesia en el centro de Marrakech para los cristianos que les acompañaran a la guerra, si alguno de los cristianos abrazase el islam se obligaban a devolverle a su fe cristiana, pero si algún musulmán abrazare la fe cristiana deberían dejarle en paz .
Nos habla de la batalla de al-ʻIqāb o al-ʻUqāb (la batalla de las Navas de Tolosa), que marcó un punto de inflexión en la historia de alAndalus, culpando de la derrota de los ejércitos musulmanes al sultán de los almohades Muḥammad al-Nāṣir, el cual reunió seiscientos mil soldados para luchar contra los cristianos, pero su arrogancia fue la causa principal de la derrota, olvidando la unidad que debe existir entre todos; achaca a este olvido la causa de que solo se salvaran mil de los seiscientos mil soldados. Explica que el nombre de la batalla en árabe al-ʻUqāb por su cercanía a una fortaleza que lleva el mismo nombre, en cambio su nombre en castellano por su proximidad a la ciudad de Tolosa.
Está claro que se fía del relato que hicieron las fuentes históricas posteriores –especialmente Ibn ‘Iḏārī– sin someterlas a juicio crítico alguno.
Como conclusión podemos afirmar con toda seguridad que el relato de viaje de Aḥmad Zakī Pacha a España (identificada con al-Andalus, olvidando que también éste incluyó a Portugal) representa, como hemos mencionado anteriormente, el viaje de la nostalgia (riḥlat al-ḥanīn), donde podemos apreciar no solo este sentimiento, sino también la tristeza que le produce la rememoración del pasado de esplendor.
Nuestro autor estuvo en España, pero él ni veía ni sentía que estaba en España, sino en al-Andalus o, como dice y repite en muchas ocasiones, en al-firdaws al-mafqūd ‘el paraíso perdido’.
Esta denominación que mezcla la alegría de estar en el paraíso y la tristeza de abandonarlo, resuena como algo muy parecido a lo que le ocurrió a Adán: después de haber estado en el paraíso, lo perdió para siempre, quedándole solo la nostalgia del tiempo pasado en tan bello y excelente lugar.
Es muy notable la influencia del relato de viaje de Aḥmad Zakī sobre los relatos de viajes que otros autores escribieron posteriormente.
Su relato abrió la puerta para que otros viajeros escribieran relatos sobre sus viajes a al-Andalus, marcando las pautas que configurarán lo que podemos calificar como un subgénero específico de la literatura de viajes árabe: el de los relatos de viajes por España que reflejan un al-Andalus mitificado y arquetípico.
Con una nostalgia similar, o en ocasiones superior a nuestro autor, mencionaremos a Ḥusayn Muʼnis con su relato Riḥlat al-Andalus (Muʼnis 1964).
También creemos importante señalar (como una hipótesis final que merecería la pena contrastar) que los viajeros árabes por al-Andalus quizá encontraron en aquel subgénero inaugurado por Zakī una alternativa a la poesía del llanto sobre las ruinas, tan conocida en la poesía árabe desde la Edad Media.
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